La Cofradía tiene un carácter sacramental, sus principales celebraciones son aquellas en las que se adora a Dios en el Santísimo Sacramento del Altar. Aun así, su larga historia ha hecho que fuera adquiriendo otros carismas como el penitencial de Semana Santa o el de socorro, tanto a las necesidades físicas de los calandinos como a las espirituales.

 

Tras la misa que el viernes de Dolores se celebra en la iglesia de la Virgen de la Esperanza, los hermanos recitan las estaciones y acompañan al párroco en el rezo del viacrucis claustral.  Esta celebración tiene pocos años de vigencia y en sus inicios se realizaba por las calles del pueblo.

Desde 2016, el Santo Sepulcro se expone los Lunes, Martes y Miércoles Santo en el templo del Pilar. Cada día de esta terna se celebra una misa que gira en torno a un tema elegido como preparación para la Pascua, rezando al final delante del paso de Nuestro Señor Yacente.

Al terminar la misa del Miércoles Santo en el Templo del Pilar, toda la Cofradía (hermanos y putuntunes) trasladan el Santo Sepulcro desde este templo hasta la iglesia de la Esperanza pasando por la plaza de San Miguel. En está plaza estuvo, hasta la guerra civil, la desaparecida iglesia de San Miguel desde la que entonces partía el traslado, tradición muy antigua que se interrumpió tras la contienda y fue recuperada en 2016.
El oficio de la Cena del Señor del Jueves Santo es uno de los actos más importantes para la Cofradía: en ella se rememora la primera Eucarística, sacramento instaurado por Nuestro Señor en la ultima cena. Dentro de esta celebración, los cofrades participan siguiendo la estructura de una misa de Minerva: en el Santus se sale con hachas para acompañar al párroco en la consagración y al finalizar se hace una procesión claustral para trasladar bajo palio las sagradas formas hasta el Monumento instalado en la capilla de la comunión.
Al traslado se unen los putuntunes que desfilan marcha atrás en la procesión para no dar nunca la espalda al Santísimo y, tras unas ceremonias delante del Monumento por parte de Longinos, Capitán y Bandera, hacen guardia los soldados de 4 en 4 con relevos cada media hora hasta el viacrucis de la medianoche. 
Como Cofradía del Santísimo Sacramento, el traslado y vela ante el Monumento se ha debido de celebrar desde su constitución, teniendo constancia de existir una arca y madera para montar el Monumento en el inventario de la parroquia de 1593. 

El Jueves Santo a las 12 de la noche, los putuntunes dan por terminada la guardia ante el Monumento y desfilan en el viacrucis por el monte Calvario acompañando al Cristo, lo cual llevan haciendo desde la instauración de esta procesión a mediados del siglo pasado

Los putuntunes participan, al menos desde finales del siglo XIX, en las dos procesiones del Viernes Santo –  Pregón y Soledad – especialmente acompañando al paso de la Dolorosa.
En los Oficios del día, varios hermanos ayudan al párroco en la celebración.
El Sábado Santo por la mañana sale la procesión del Santo Entierro cuyo origen se sitúa en la segunda mitad del siglo XVII, siendo seguramente la más antigua de Calanda según las noticias de que se dispone. La Cofradía siempre ha estado vinculada a esta procesión procesionando con el Santo Sepulcro al que se acompaña con hachas encendidas en estricto silencio y escoltados por nuestra guardia romana. 
Al finalizar la procesión del Santo Entierro del Sábado Santo, los pasos del Santo Sepulcro y La Dolorosa se quedan en la plaza para la representación del “sellado del sepulcro” y “la riña”, rito muy antiguo que puede datarse a finales del siglo XVII o principios del XVIII. Primero se escenifica el sellado del Sepulcro por el Capitán de la guardia romana que queda como responsable de su custodia. Posteriormente Longinos descubre que el Sepulcro está vacío tras lo cual busca al Capitán para pedirle explicaciones y, tras una simbólica pelea entre ambos, termina con la victoria de Longinos y la aceptación de que Nuestro Señor ha resucitado, ha vencido a la muerte y con ella la redención para todo el mundo.

El día del Corpus Christi es la celebración mas importante de la Cofradía. En ella se sale en procesión por las calles del pueblo acompañando a nuestro Señor bajo palio.
Como cofradía del Santísimo Sacramento esta celebración se ha mantenido desde su constitución, teniendo constancia de existir palios en 1593.

El domingo siguiente al Domingo de Resurrección se celebran los Comulgares, donde la Cofradía acompaña al párroco que lleva la comunión bajo palio a todas las personas enfermas o invalidas que así lo han solicitado. Su origen se sitúa a principios del siglo XVIII cuando se llevaba el domingo de Quasimodo, siguiente al domingo de Resurrección, la comunión a todos los enfermos o inválidos que no habían podido cumplir con la obligación de confesar y comulgar en cuaresma, mandato que se había instaurado desde la contrarreforma. Se ha mantenido hasta el año 2016, entando a la espera de poder volver a realizarla.
El 1 de noviembre, día de todos los santos, se celebra desde hace unos años una misa por la tarde en el cementerio, donde los hermanos de la Cofradía acompañan con hachas encendidas al párroco en la consagración.

A lo largo del año, los hermanos de la Cofradía que asisten a un sepelio acompañan al párroco en procesión claustral hasta la puerta de la iglesia para recibir al difunto, llevando el guion y dos hachas encendidas. Cuando el fallecido es un hermano de la Cofradía todos los hermanos están obligados a hacer todo lo posible por acompañarlo, llevando hachas encendidas y portando el féretro si así lo solicitó el difunto o lo pide la familia. Es una tradición muy antigua y que antaño aportaba ingresos a la Cofradía pues se cobrara según el número de hachas que se portaban o por otros servicios que se ofrecían.