Cuando en 1584 se fundó la Cofradía del Santísimo Sacramento, del Arcángel San Miguel y de Nuestra Señora de la Esperanza, se hizo bajo unas condiciones extremas. Fue constituida por los escasos cristianos viejos  residentes en Calanda (poco más de 30 casas) para defender sus derechos frente a la mayoría morisca.  Este escaso número de cristianos viejos motivó que se constituyera nuestra Cofradía siguiendo una costumbre medieval para aquellas que se creaban en pequeños pueblos: “la cofradía estaba formada por todos los habitantes de la localidad y de ellos se elegían un número de representantes para que la gestionaran”.

Por ello, el año en el que la organización de la Semana Santa recae en la Cofradía del Santísimo Sacramento, como ocurre en este, sus hermanos (los 33 Ordinarios junto a los mayores que han pasado a condición de Eméritos) no trabajamos en representación sólo de nuestra Cofradía sino de todo el pueblo, pues en sí forma parte de ella. Prueba de lo que decimos es que el pueblo de Calanda siempre los ha considerado como propios los dos elementos más representativos y ancestrales que en Semana Santa gestiona la Cofradía: los putuntunes y el Santo Sepulcro.

Tenemos noticias muy antiguas de que la guardia romana ha estado a cargo de la Cofradía. En 1728 constaba en sus antiguos libros de actas una reparación de trajes así como la compra de unos zapatos para Longinos. E igualmente desde antiguo, el pueblo ha considerado a los putuntunes de su propiedad, seguramente amplificado por el hecho de estar vinculados a la donación de la armadura de Longinos por el rey Felipe IV a Miguel Juan Pellicer.  Se puede observar claramente este sentido de posesión en un episodio ocurrido en 1864, cuando la Cofradía decidió renovar todo el vestuario de la guardia romana para adaptarlo a otro nuevo que simulara ser de época romana, siguiendo la moda que venía desde Zaragoza por la Hermandad de la Sangre de Cristo. Ante el alto coste necesario y la imposibilidad de hacer frente la Cofradía a su totalidad, se realizó una suscripción popular (donaciones en dinero) con la que recaudaron 1.142 reales. Pero al ser muchas las personas que no podían permitirse aportaciones monetarias, se utilizó también la fórmula que durante siglos se ha seguido para mantener el Pilar: una llega, una recogida de pequeñas donaciones en especias. Con ambos métodos de recaudación toda la población participó en la mejora de los putuntunes, sin importar las clases sociales ni sus posibilidades económicas, demostrando que eran importantes para ellos, que también eran suyos.

Igualmente el Santo Sepulcro supera el marco de nuestra Cofradía.  Su primera referencia está fechada en 1720, cuando María Bolea hizo una donación en herencia “para ayuda de hazer un Santo Sepulcro”. Una persona ajena a la Cofradía, pues como mujer no podía formar parte de los Electos, se ofrecía a contribuir en su compra porque indudablemente lo consideraba importante para ella.  No es de extrañar, desde principios del siglo XVII, en Aragón aparecen las procesiones de Semana Santa tal y como hoy las conocemos, siendo las primeras en aparecer las del Santo Entierro procesionando en ellas un Santo Sepulcro, aunque en cada pueblo estuviese a cargo de diferentes cofradías. Guardar estos Sepulcros en las iglesias junto a los Monumentos, velándolos y haciendo guardias,  motivó una devoción que llevo a subir el nivel de adoración del Santo Sepulcro situándolo al mismo nivel que la Santa Custodia; ambos símbolos a los que los putuntunes no pueden darle la espalda, los únicos a los que Longinos puede saludar y ante los que nuestros mayores se arrodillaban, y aun hoy en día nos ponemos en pie ante su paso por respeto. Así el Santo Sepulcro, cuerpo de Nuestro Señor a la espera de su resurrección, es objeto de adoración y propiedad del pueblo cristiano. 

Y a todo lo dicho podemos sumar precisamente en estos momentos, cuando acabamos de celebrar los 50 años que los quintos representan a los putuntunes, que los jóvenes del pueblo año a año forman parte de la Cofradía durante unos días, dando continuidad a una antigua relación entre la Cofradía y la juventud de Calanda que ya aparece en 1746 cuando la cofradía de San Roque, formada por todos los mozos del pueblo, estaba “agregada” a la Cofradía del Santísimo. En 1833 se mantenía esta unión y en 1842 aún se sufrago el coste de la carrera de los pollos.

No os extrañéis pues si durante la Rompida, el Pregón, el Viacrucis o en el Final no veáis apenas escudos de nuestra Cofradía. No es sólo porque seamos pocos, es porque la mayoría formamos parte de otras cofradías del pueblo, estando incluso dentro de sus directivas. No renegamos de la Cofradía del Santísimo si llevamos con orgullo otro escudo, porque de esta manera llevamos al Santísimo, y si no llevamos escudo en la túnica llevamos al Santísimo o simplemente viendo las procesiones somos del Santísimo, como cualquier calandino, porque así fue creada: todos los habitantes de Calanda son cofrades y de ellos se eligen un número de representantes para que la gestionen.

Abril 2025
Publicación anual de la Coordinadora de Cofradías de Semana Santa de Calanda