LONGINOS

Rompedor de la hora 2025 por la Cofradía del Santísimo Sacramento

Los quintos se han encargado de representar a los puntuntunes desde hace más de medio siglo. En el año 2024 se celebro el 50 aniversario. Por ello en la Semana Santa de 2025 Longinos rompió la hora en nombre de todos los calandinos que durante todos estos años han dedicado tiempo y esfuerzo para mantener esta tradición

SMuchas personas que visitan Calanda para presenciar los actos más emblemáticos de nuestra Semana Santa, preguntan  un tanto extrañadas,  porqué  en la tropa de los putuntunes coexisten en perfecta armonía, soldados romanos del siglo I de Cristo, con una figura como Longinos, que viste armadura  renacentista del siglo XV.

 Este anacronismo, que está fuera de su tiempo,  y que aquí lo vemos con toda naturalidad, tiene su explicación en los hechos ocurridos en 1640, con motivo del Milagro de Calanda.

Miguel Pellicer, el joven al que la Virgen del Pilar le restituyó una pierna, que antes había sido cortada a raíz de un accidente, adquirió tal popularidad que  la historia llegó hasta Madrid, interesándose el rey Felipe IV en  conocerlo. Debido a que Pellicer estaba considerado pobre de solemnidad y no tenía recursos tuvo que ser el Cabildo del templo del Pilar de Zaragoza el que encargara al sastre oficial  un traje de paño de pana negro, para viajar a Madrid. Allí fue recibido por el rey, que le besó la pierna restituida y como recuerdo de su visita le regaló una armadura, de reconocido valor, que trajo a su pueblo.

 La familia Pellicer, humildes campesinos, vivían en una modesta casa, en los que hoy es museo de la plaza del Pilar, no encontrando sitio  adecuado donde colocar la armadura.  Tanto es así,  que decidieron regalársela al párroco, mosén José Herrero de Tejada.  Y éste para darle alguna utilidad,   se le ocurrió la idea de incorporarla a la guardia  de los putuntunes, para que de esta manera  pudieran  ver la armadura todo el pueblo, debiendo ser su portante un mozo con hechuras y  complexión apropiadas, poniéndole el nombre de Longinos. 

Desde 1643 desfila la armadura real en las procesiones y ceremonias  de nuestra Semana Santa, conjuntamente con el resto de la tropa,  haciéndose cargo de su guarda y manteniemiento la Cofradía del Santísimo.

Muy pronto el pueblo la adoptó como una figura emblemática, de forma que enseguida le sacaron apodo, denominando la figura de Longinos, como el cangrejo, debido a que va articulado  como ese animal y  debe  andar hacia atrás, al no poder dar la espalda al Sacramento, en el Monumento del Jueves Santo.  Longinos ocupa su propio espacio dentro del ritual, pero sin mando, siendo el responsable de la custodia del cuerpo de Jesús. Su figura alcanza la plenitud en el auto sacramental  que tiene lugar en la plaza, frente a la puerta de la iglesia,  al final  de la procesión del Sábado Santo, en el que se escenifica la resurrección de Cristo.

El cangrejo ha sido y es tan querido por el pueblo que en cierta ocasión, al enterarse de que la cofradía del Santísimo vendía la armadura,  según acuerdo que se tomó en capitulo celebrado el 25 de marzo de 1888, el pueblo se amotinó teniendo que intervenir la guardia civil de Alcañiz.  La armadura, de gran valor, fue vendida a un chamarillero y con lo obtenido en la venta, compró la cofradía otro armazón mucho más sencillo, un palio, traje para el centurión y un paso completo del Sepulcro.

De acuerdo con el santoral, San Longinos, fue el centurión   romano, que bajo las ordenes de Poncio  Pilato, traspaso el costado de Jesucristo  con una lanza durante la crucifixión. Dice la tradición  que era ciego y se curó cuando un poco de la Santa Sangre rozó sus ojos. Después se convirtió al cristianismo y murió siendo monje, nombrado posteriormente santo.

Esta es la parte histórica, pero en todas las narraciones subyace siempre una exposición de acontecimientos que nacen de las raíces  populares.  Para empezar putuntunes, onomatopeya del bronco sonido del tambor pu-tun-tum, es un vocablo que en nuestra tierra no necesita explicación,  tan popular es que desde muy niños todos hemos conocido lo que encierra la palabra y  los recuerdos que nos trae. Asombro, admiración, extrañeza, temor, y fascinación.

De niños todos queríamos ser Longinos. Decía el padre Mindán que en su niñez, principios del siglo pasado, todos los chicos del pueblo querían que en la lucha final de la procesión del Entierro, ganara Longinos porque, según ellos, representaba a los cristianos y le animaban para que venciera al oponente, el capitán de la guardia.

Los putuntunes y Longinos nos traen infinidad de recuerdos porque de niños hemos soñado  entusiasmados con la pacífica tropa, nos ha llamado la atención las relucientes alabardas, la bandera con las letras grabadas SPQR,  el sonido destemplado del viejo tambor, las brillantes espadas,  el cabo y  el capitán, las vestimentas y la guardia.

De aquellos veteranos   de entonces,  que muchos no han  conocido , pasamos en la actualidad a la gran labor y meritoria contribución de los jóvenes de nuestro pueblo, los quintos. Los unos y los otro han sido los mantenedores de esta tradición que forma parte de la historia más preciosa  que tenemos en Calanda.

Todo este relato, la leyenda, la historia y los  sentimientos son la cimentación que refuerza el entusiasmo con que a pesar del transcurso del tiempo se sigue contemplando con emoción todo el ceremonial de la Semana Santa.

Escribe el historiador Pedro Rujula, en el libro “Calanda, el sueño de los tambores” …que todo lo que ocurre  en Calanda durante la  Semana Santa se convierte en un territorio del alma y del recuerdo. A él se vinculan experiencias inolvidables de  todas las etapas de la vida. Se trata de un punto de referencia vital y emotivo  que  reconstruye la educación sentimental de los calandinos y calandinas.

Paco Navarro – Abril 2025
Publicación anual de la Coordinadora de Cofradías de Semana Santa de Calanda