Desde hacía algunos años, en la Cofradía se iba observando que los hermanos eméritos poco a poco iban disminuyendo su participación tanto en las celebraciones como en el quehacer diario. Aprovechando la redacción de los nuevos estatutos, que finalmente se aprobaron en 2024 por el Arzobispado de Zaragoza, se decidió intentar motivarles para que no se fueran desligando de la Cofradía.
Primero, se estableció en los nuevos estatutos que volvieran a tener voto en los Capítulos, no solo voz, distinguiéndose de los 33 hermanos ordinarios en que no tuvieran obligación de asistir ni a los capítulos ni a los actos de la Cofradía. Una vez se obtuvo la categoría de Cofradía Canónica, se visitó en su casa a los hermanos más mayores para entregarles una copia de los nuevos estatutos, explicándoles las novedades y recibiendo con emoción sus indicaciones y recuerdos, pasando unos momentos muy entrañables.
Seguidamente, al redactar el nuevo “Manual de buenos usos y costumbres” se especificó que, aunque pasaran a hermanos eméritos, tuvieran la posibilidad de ejercer cualquier cargo si así lo desearan.

Ya en 2025, como colofón, se diseñó una insignia en forma de pin con la que reconocer a los hermanos eméritos su trabajo por la Cofradía durante tantos años. A partir de esa fecha, esta divisa le será entregada a cada hermano el año que pase de condición de ordinario a emérito en el acto final tras la procesión del Corpus Cristi.
Por todo ello, el día del Corpus Cristi de 2025, en una emocionante ceremonia, se invistió la insignia a todos los hermanos eméritos ya existentes. Aquellos que, por edad o condiciones físicas, no pudieron asistir, se les entrego en su hogar por una pequeña comitiva encabezada por el mayoral, compartiendo con ellos unas experiencia conmovedora e inolvidable.