David Timoneda Sabado
Hermano Electo
Abril 2026
Oración elegida, adaptada y recitada por el hermano David Timoneda Sabado en su año de mayoral, 1 de a abril de 2026, al final del Traslado Solemne.

Señor, hoy me acerco a Ti en el silencio del Sepulcro. El mundo parece contener la respiración, las sombras se alargan y los tambores resuenan lejanos, marcando el paso de la muerte que parece triunfar.

Como la mujer junto al pozo de Siscar, mi corazón llega sediento, cargado de cansancio y búsqueda, buscando agua en pozos que no sacian, en palabras que se olvidan, en afectos que se rompen, en seguridades que se deshacen con el tiempo.

Y aquí, Señor, frente a tu Sepulcro, confieso mi sed profunda. Sé que sólo Tú puedes saciarla. Que mi vida, tantas veces extraviada, encuentre en Ti su camino, que mi oscuridad se llene de luz.

Señor, Tú conoces mis heridas, mis noches sin consuelo, mis lágrimas silenciosas, mis pasos torpes en la búsqueda de Ti. Y aun así, no te alejas. Tu mirada penetra mi corazón, me encuentra en lo más escondido de mi alma y me dice, suavemente: «No temas, estoy contigo. Te espero».

Hoy, Miércoles Santo, el mundo parece lleno de sombras y de tambores, pero Tú, Señor, permaneces en el silencio, en la piedra cerrada, en el corazón que te busca y te espera.

Dame de tu agua viva, Jesús, agua que brota de tu corazón abierto en la cruz, luz que atraviesa la noche, vida que vence la muerte. Que este agua lave mis pecados, sane mis heridas, apacigüe la sed antigua de mi espíritu.

Señor, enséñame a permanecer ante Ti, a estar en el silencio sin temor, a contemplar el Sepulcro, a dejar mi cántaro, mis seguridades, mis búsquedas vanas, todo aquello que me aleja de Ti.

Que mi alma se vuelva manantial, que mi vida proclame tu victoria, como la mujer que corre a anunciar tu nombre.

Escucho el eco de los tambores, los pasos lejanos de la humanidad que sufre, y sé que Tú, Señor, estás presente en cada sombra, en cada lágrima, en cada corazón que espera.  Hazme sentir tu presencia en mi noche, fortalece mi fe, sostén mi esperanza, enciende mi amor, para que ni la muerte ni la oscuridad puedan apagarlo.

Señor Jesús, Tú eres la fuente que no se agota, el agua viva que calma la sed eterna, la luz que ni la piedra ni la noche pueden apagar, la vida que siempre vence.

Que mi contemplación frente a este Sepulcro sea oración, entrega y esperanza. Que mi corazón, lleno de tu gracia y de tu agua viva, aprenda a esperar la Pascua, a confiar en la victoria que viene, a correr con alegría a anunciar que Tú has vencido.

A Ti, Señor, la gloria y la alabanza, en esta noche y por los siglos de los siglos.

Amén.