
Pregón de la Semana Santa de Calanda, por Pilar Grao Lorenz en representación de la Cofradía del Santísimo Sacramento.
12 de abril de 2025
Corporación municipal, autoridades, señor cura párroco, miembros de la Coordinadora de Semana Santa, calandinos y visitantes, muy buenas tardes a todos.
Dar gracias, para mí, no es un simple gesto de cortesía, sino un acto de humildad y reconocimiento. Me siento honrada de ocupar un lugar donde antes han estado personas que encarnan valores, conocimientos y una trayectoria admirable. A su lado, una no puede evitar sentirse pequeña, intentando estar a la altura, poniéndose de puntillas y mirando un poco de perfil. Por ello, agradezco de corazón a la Cofradía del Santísimo por confiar en mí.
La ilusión se mezcla con la responsabilidad que conlleva esta hermosa tarea. Deseo que estas palabras que van a salir de lo más profundo de mi corazón también lleguen y toquen el vuestro. Hablar de Semana Santa no es tarea fácil, pues cada uno guardamos dentro de nosotros mismos una Semana Santa única, la que cada año nos hace ser y sentir.
En la Semana Santa se conmemoran Misterios de excepcional importancia: la Institución de la Eucaristía, la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Y hay dos formas de vivirla, que no son excluyentes entre sí: el culto interno en los templos y el culto externo en plena calle. Y en Calanda , así se ha vivido, desde que me alcanza la memoria.
Mis recuerdos de infancia me llevan a ir vestida de angélico para llevar la cinta del sepulcro, asomarme al ventanico en casa de mi abuela para oír a los despertadores, ver a mi bisabuelo Pablo como apóstol, a quien durante muchos años lavaron los pies en la misa del Jueves Santo. Recuerdo la expectación con la que acudíamos a ver a los putuntunes., hay cosas que no cambian; después de la misa, el Jueves Santo hacíamos vela en el Sagrario, turnándonos para que nunca estuviese solo.
Las procesiones eran mucho más desangeladas, sin otro acompañamiento que el de los fieles, pero las recuerdo con mucho fervor; por aquel entonces, participaba en ellas llevando la bandera de Acción Católica. El año que me casé, como mandaba la tradición, fui costalera de la Virgen Dolorosa, y años más tarde me hice cofrade de la Magdalena y, aunque por diversos motivos últimamente no participo en las procesiones, me siento muy orgullosa de haberla llevado a hombros.
La Rompida también es muy diferente , antes se rompía la hora en la Plaza de la Hoya y nos parecía inmensa; por supuesto, nada comparable con lo que tenemos hoy, pero entonces nos parecía enorme. Tenía que ponerme en lo alto de las escaleras de la iglesia para ver bien,(como he dicho antes, hay cosas que no cambian) y poníamos las manos en la pared para notar cómo retumbaba todo
Nunca he tocado el tambor; solo en el año 2000, para acabar. Pero, a pesar de ello, os aseguro que la emoción que me invade al oír los tambores es un sentimiento que no puedo evitar ni explicar.
En 1985, empecé ayudando a Conchita Serred en la preparación del Monumento y cuando ella y Mosén Vicente Hostaled, volvieron a República Dominicana, me responsabilice de esta tarea, siempre con la colaboración de personas de diferentes grupos parroquiales y amigos.
Y en este momento, permitidme que haga una mención especial, a mi fiel compañero y amigo Víctor Aldea Gracia, que me acompaña desde ese 3 de abril de 1985, sin fallar ni un solo año, exceptuando el 2020 que nos mantuvo a todos confinados en nuestras casas. Formamos un buen equipo y nos sobran las palabras porque con un solo gesto o una mirada nos entendemos a la perfección.
Todo comienza cuando entramos a la Iglesia a las 3 de la tarde del Miércoles Santo y nos santiguamos en la Capilla del Santísimo para preparar el Monumento y al acabar cuando nos sentamos para ver el resultado, os confieso que es el momento de mayor satisfacción, y no penséis que es por vanidad, es una cuestión de agradecimiento ,una satisfacción indescriptible por tener el privilegio de realizar esta tarea.
Y dejando atrás estos recuerdos, llegamos a nuestro días, y no os descubro nada si os digo que nuestra Semana Santa ha cambiado considerablemente, la rompida es más multitudinaria, las procesiones lucen mucho más bonitas, con los pasos más engalanados, mejor iluminados y muy bien acompañados por sus cofrades perfectamente uniformados y al paso que marcan sus bandas que suenan cada vez mejor. Y todo esto sin perder su esencia.
Quiero agradecer la labor desinteresada de todos aquellos que han hecho y hacen posible que la Semana Santa de Calanda, sea un referente.
Es un orgullo ver cómo cada año nuestra Semana Santa sigue creciendo, atrayendo a visitantes y emocionando a propios y extraños con el sonido inconfundible de nuestros tambores y bombos.
Gracias a todos, por vuestra dedicación, esfuerzo y pasión. Gracias por mantener viva la tradición y por convertir la Semana Santa de Calanda en un símbolo de identidad y orgullo. Vuestro compromiso no solo hace posible esta celebración, sino que también asegura que su legado perdure en el tiempo, transmitiéndose de generación en generación.
No quisiera despedirme sin invitaros a vivir con intensidad cada acto de esta Semana Santa. Para quienes la experimentamos desde la fe, que sea un tiempo de recogimiento y oración; para quienes la viven desde la tradición, que sea un momento de respeto y conexión con nuestras raíces.
Sea cual sea vuestra manera de sentirla, preparaos: afinad tambores, repasad túnicas, abrid vuestras manos y corazones, y salid a las calles a compartir juntos esta celebración del 2025.
De manera especial, os animo a participar en la misa de resurrección del Sábado Santo, una celebración que, en los últimos años, ha cobrado un nuevo significado con una pequeña procesión. En ella, los niños de primera comunión tienen su primera experiencia como costaleros, llevando sobre sus hombros la peana del Cristo resucitado, que el padre Mirko trajo desde Polonia.
No quiero dejar pasar la oportunidad de expresar mi mas sincero agradecimiento a todos por su presencia y apoyo. En especial, a mi familia y amigos, quienes siempre me han acompañado incondicionalmente.
Y para terminar, me gustaría hacerlo con una reflexión.
«Fe, esperanza y caridad, de estas tres, la más importante: La Caridad»
Nuestra vida, se sustenta en estas tres virtudes, y si eso lo trasladamos a nuestra Semana Santa, la expresión de nuestra religiosidad popular hecha tradición y vida, cobra mucho más sentido.
Porque, toda nuestra Semana santa, es expresión de nuestra fe, fe en un Cristo resucitado, presente en nuestras vidas. Sin esta fe, todo lo que celebramos durante estos días carece de valor.
Esperanza, porque todo lo que hacemos, tiene futuro, y para muestra este escenario, que en unos instantes se va a llenar de pequeños que son el mañana de nuestra Semana Santa. Y así , sin pretenderlo nos convertimos en mensajeros de esperanza.
Y todo esto, tenemos que hacerlo con caridad, con amor, ese amor que tiene que invadir nuestras vidas , y de forma especial estos días, y así estaremos cumpliendo con el mandamiento más importante que nos dejó :»Amaos los unos a los otros como yo os he amado».
Hágamos oración y recogimiento acompañando a Cristo en los momentos de su Pasión, haciendo nuestra su entrega incondicional por la salvación de todos los hombres y mujeres.
Este año, de nuevo el sonido de los tambores romperá la quietud y el silencio en nuestro pueblo, ese sonido que no es sólo ruido, es oración, es sentimiento, es testimonio de un pueblo que expresa con fuerza su devoción, es el vínculo que nos une a generaciones pasadas y futuras.
Que cada redoble sea un homenaje a quienes ya no están, a los que nos enseñaron a amar esta tradición. Que cada golpe sea un grito de amor, un tributo al sacrificio y a la gloria de la Resurrección.
Calandinos, vivamos esta Semana Santa con emoción y respeto, con el orgullo de pertenecer a este pueblo, donde la historia se toca con las manos y el sonido se lleva en el alma. Que nuestra devoción siga resonando en el tiempo y que, con cada tambor que suene, proclamemos al mundo que en Calanda, la fe se escucha, se siente y se vive.